martes, 23 de septiembre de 2014

YO TUVE QUE ACEPTAR 9/4/14
Yo tuve que aceptar, que mi cuerpo nunca sería inmortal, que él envejecería y un día se acabaría.  Que somos  hechos de  recuerdos y olvidos; deseos, memorias, residuos, ruidos, susurros, silencios, días y noches, pequeñas historias y sutiles detalles.
 Tuve que aceptar que todo ello es pasajero y transitorio.
Y tuve que aceptar, que yo vine al mundo para hacer algo por él, para tratar de dar lo mejor de mí, dejar rastros positivos de mis pasos, en el momento de partir.
 Yo tuve que aceptar que mis padres no durarían para siempre, y que mis hijos poco a poco escogerían sus caminos y proseguirían ese camino sin mí.
Y tuve que aceptar que ellos no eran míos, como suponía, y que la libertad de ir y venir, es un derecho de ellos también.
  Yo tuve que aceptar que todos mis bienes me fueron confiados en préstamo, que no me pertenecían y que eran tan fugaces como fugaz era mi propia existencia en la tierra.
Y tuve que aceptar que los bienes quedarían para uso de otras personas cuando yo ya no esté por aquí.
 Yo tuve que aceptar que barrer mi acera todos los días no me daba ninguna garantía de que ella era propiedad mía, y que barrerla con tanta constancia era apenas un fútil alimento que me daba a mí la ilusión de poseer. 
 Yo tuve que aceptar que lo que yo llamaba “mi casa” era sólo un techo temporal, que un día  más, un día menos, sería el abrigo terrenal de otra familia.
Y tuve que aceptar que mi apego a las cosas, sólo apresuraría aún más mi despedida y mi partida.
  Yo tuve que aceptar que los animales que quiero, y los árboles que yo planté, mis flores y mis aves, eran mortales. Ellos no me pertenecían. 
Fue difícil, pero yo tuve que  aceptar.
 Yo tuve que aceptar mis fragilidades, mis límites, y mi condición de ser mortal, de ser efímero, de ser pasajero.
Yo tuve que aceptar para no perecer.
  Yo tuve que aceptar que la vida siempre continuaría conmigo o sin mí, y que el mundo en poco tiempo me olvidaría.
Humildemente confieso que tuve que librar muchas guerras dentro de mí.
  Yo me rendí y  acepté  lo que  tenía que aceptar.
Aceptar  para dejar de sufrir, para lanzar fuera mi orgullo y mi prepotencia y para volver a la simplicidad de la naturaleza, que trata a todos de la misma manera, sin favoritismos.
  Y tuve que aceptar que no sé nada del tiempo y que es un misterio para mí.  Que no comprendo la eternidad y que nada sabemos sobre ella.
¡Tantas palabras escritas desde el principio, tanta necesidad de explicar, entender y comprender éste mundo y la vida que en él  vivimos.

Yo tuve que desarmarme y abrir mis brazos para  reconocer la vida como es, que todo es transitorio, y que sólo funciona mientras estemos aquí en la tierra.
¡Eso me hizo reflexionar y aceptar, para alcanzar la paz tan soñada!


miércoles, 14 de mayo de 2014

 
          Leticia Ruiz, rodeada de fotos de su original exposición. ::

 A la entrada, miradas brillantes, sonrisas abiertas y rostros jóvenes dispuestos a comerse el mundo. A la salida, ojeras, pelos revueltos, gestos de cansancio y caras pálidas. Los ojos testigos de enfermedad, de esperanza, de dolor, de alivio, o tal vez de muerte, y pese a todo anegados de amor por su trabajo. Una guardia de 24 horas en un hospital deja en los semblantes de los jóvenes MIR una huella indeleble. Y eso es lo que ha querido captar Leticia Ruiz Rivera, médica en formación y fotógrafa, en la exposición 'Límites', una colección de 40 fotografías -dos por cada retratado, incluida ella misma- que hasta el próximo 16 de mayo se muestra en la sala pintor Manuel Rodríguez de la Facultad de Medicina.
«No podía fotografiar a los pacientes, pero quería contar la historia que ocurre entre medias», destaca Leticia Ruiz, médica residente en el servicio de Medicina Interna del Hospital San Cecilio de Granada, en el que trabajan el 90% de los fotografiados. «La convocatoria estaba abierta a todo el mundo, pero solo se presentaron los MIR», admite.
Su objetivo, explica la autora, es reflejar que la Medicina es humana, a pesar de que sus profesionales estén sometidos a prácticas inhumanas, como una guardia alrededor del reloj. Y todo, para acabar en el Inem. «Somos la única comunidad autónoma en la que, después de aprobar una oposición nacional como es el MIR, nos vamos directamente al paro. Con la crisis es aún peor, pero en Andalucía los contratos siempre han sido precarios», lamenta la joven doctora, que se convertirá en una médica en paro el mismo día en que termina la exposición. Al menos, le queda la fotografía.
«Pero soy médica antes que fotógrafa», asegura.       Ideal/6/5/2014

martes, 29 de abril de 2014


 

 

Elena Poniatowska recibe el Premio Cervantes 2013

 

 

Elena Poniatowska: "En mi discurso daré voz a los que nunca la han tenido"

  La escritora mexicana Elena Poniatowska recibió este miércoles 23 de abril de 2014, el Premio Cervantes, el más importante de las letras hispanas, convirtiéndose en la cuarta mujer a la que se le otorga el galardón desde su creación en 1976, tras María Zambrano, Ana María Matute y Dulce María Loynaz.

 

miércoles, 9 de abril de 2014

        Debes sentirte orgulloso cuando alguien se     te   confía.  Es señal de que posees la rara  capacidad de detener tu tiempo para dedicarlo a otros.


En el baúl de los recuerdos...
sólo se guarda el espejo de lo que
dejó el tiempo...

Ese cofrecito que tanto quizas deja
en mi seguira, sin sentir la tristeza
que los recuerdos pasan dejando huella...
pero eso es pasado... nada que no perezca...

En mi baúl cofre de tesoros
ahí estarás tú conmigo
por siempreAmor, en mi
corazón.
Como una reliquia enorme
entrando en una caja tan divina
como el corazón de oro...
Que hay dentro nuestro un baúl
lleno de recuerdos inquietos.