miércoles, 9 de abril de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
El libro se debate entre el futuro y el pasado, entre el papel y las nuevas tecnologías. En esas dudas se ha entregado el 70 premio Nadal de Novela. La ganadora ha sido Carmen Amoraga con «La vida era eso», y lo ha recibido de manos de una referente del galardón literario, Ana Maria Matute, que lo consiguió en 1959. La autora que este año ha cumplido 88 años es una de las 14 mujeres que han obtenido el premio. La presencia de la autora barcelonesa es un homenaje a todos los premiados con este galardón.

lunes, 18 de noviembre de 2013
Luis Goytisolo gana el Premio Nacional de Letras 2013
El escritor catalán Luis Goytisolo ha sido galardonado hoy con
el Premio Nacional de las Letras Españolas del presente año,
otorgado el Ministerio de Educación y Cultura para distinguir la
obra de un autor cuya “labor literaria esté considerada como
parte integrante del conjunto de la literatura española”.
El jurado ha valorado “la obra narrativa de Goytisolo, siempre comprometida con la búsqueda de nuevos territorios literarios y su magna tetralogía que supone un hito en la reciente historia de la novela española al aunar historia, narración y reflexión literaria”.
Luis Goytisolo es el hijo menor de una familia de escritores, que tiene a su hermano Juan como otro de los referentes de la literatura actual española en el ámbito del ensayo.
Luis fue uno de los miembros más activos del Círculo de Barcelona, núcleo básico y germen de la Generación del Cincuenta. También ha sido colaborador habitual de prensa nacional y extranjera, director de la revista ‘Letra Internacional’ y guionista de documentales producidos por TVE como ‘Índico y Mediterráneo’.
Con este premio Luis culmina una carrera plagada de galardones como el Premio Ciudad de Barcelona (1977), el de Crítica de Narrativa en Castellano, el de la Fundación Pablo Iglesias, el Nacional de Narrativa (1993) y el Anagrama de Ensayo (2013).
El jurado ha valorado “la obra narrativa de Goytisolo, siempre comprometida con la búsqueda de nuevos territorios literarios y su magna tetralogía que supone un hito en la reciente historia de la novela española al aunar historia, narración y reflexión literaria”.
Luis Goytisolo es el hijo menor de una familia de escritores, que tiene a su hermano Juan como otro de los referentes de la literatura actual española en el ámbito del ensayo.
Luis fue uno de los miembros más activos del Círculo de Barcelona, núcleo básico y germen de la Generación del Cincuenta. También ha sido colaborador habitual de prensa nacional y extranjera, director de la revista ‘Letra Internacional’ y guionista de documentales producidos por TVE como ‘Índico y Mediterráneo’.
Con este premio Luis culmina una carrera plagada de galardones como el Premio Ciudad de Barcelona (1977), el de Crítica de Narrativa en Castellano, el de la Fundación Pablo Iglesias, el Nacional de Narrativa (1993) y el Anagrama de Ensayo (2013).
sábado, 26 de octubre de 2013
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
PREMIO PRICIPE DE ASTURIAS 2013
Escribir empieza siendo casi siempre un sueño o un capricho
o una vocación imaginaria. Pero el sueño, el deseo, el capricho, no
llegan a cuajar en nada si no se convierte en un oficio. Un oficio,
cualquier oficio, requiere una inclinación poderosa y un largo
aprendizaje. Un oficio es una tarea que unas veces resulta agotadora o
tediosa por la paciencia y el esfuerzo sostenido que exige, pero que
también depara, cuando las cosas salen bien, momentos de plenitud, y
permite entonces la recompensa de un descanso que es más placentero
porque se siente bien ganado, al menos hasta cierto punto. Digo hasta
cierto punto porque todo el que se dedica plenamente a un oficio sabe
que siempre hay una distancia grande entre las mejores posibilidades de
un proyecto y su realización, igual que hay descubrimientos con los que
no se contaba. Un oficio es una tarea práctica: uno hace algo que le
gusta y que a costa de aprendizaje y empeño ha logrado hacer con cierta
garantía de solvencia, pero no lo hace para sí mismo, por mucho que esa
tarea la haga a solas y que en el simple hecho de llevarla a cabo haya
una satisfacción privada. El resultado que se obtiene de ella alcanza
una existencia objetiva, independiente de quien la realizó, y pasa a
integrarse beneficiosamente en las vidas de sus destinatarios: un
instrumento musical o una partitura, una herramienta, una mesa, una
historia, un cuaderno, un cuadro, un cuenco de barro, una fotografía, un
hallazgo científico, un paso de danza, la cura de una enfermedad, un
prodigio deportivo, un plato bien cocinado, una pirámide de alcachofas
en el escaparate de una frutería.
Hay algunas singularidades en el oficio de escribir, como
las hay en cualquier otro. La primera es que la necesidad humana que
satisface es una de las más intangibles, aunque también una de las más
universales: la de saber historias y la de contarlas, es decir, dar una
forma inteligible al mundo mendiante las palabras. Una historia, de
ficción o no, propone un modelo universal de un cierto campo de la
experiencia a partir de la observación de los datos particulares de la
vida. Del mismo modo actúa el científico, elaborando modelos teóricos
derivados de la observación y la experimentación, que sirvan,
doblemente, para explicar y predecir. En las sociedades primitivas o
antiguas el mito es el modelo de explicación y predicción de los
comportamientos humanos. Nuestra variedad moderna del mito es la
ficción, en todas sus variedades, desde las más banales, más toscas, más
comerciales y efímeras, hasta las más hondas y exigentes, desde la
telenovela y el videojuego a Don Quijote o Moby-Dick o a un cuento de mi
querida Alice Munro.
Nos dedicamos, pues, a un oficio más antiguo y más útil de
lo que parece. También a un oficio mucho más incierto. Porque en él, y
esta es su segunda singularidad, la experiencia no ofrece ninguna
garantía, y puede haber una divergencia escandalosa entre el mérito y el
reconocimiento.
Quien escribe sabe que ha de dedicar a su oficio tantas
horas y tantos años como un artesano al suyo, y que sin esa dedicación
no logrará completar nada de valor. Pero también sabe que la entrega,
por sí misma, no garantiza la calidad del resultado, porque la
experiencia y la dedicación pueden conducirlo al amaneramiento
anquilosado y a la parodia de sí mismo. Y también sabe que lo mejor unas
veces es reconocido de inmediato y otras veces es ignorado, y que lo
que parecía mejor a veces se desmorona al cabo de muy poco tiempo, y que
una extraña justicia tardía alumbra mucho tiempo después, sin
compensación posible, al talento verdadero que no brilló en vida.
El desaliento ante las incertidumbres del oficio se acentúa
más en tiempos de incertidumbres tan amargas como estos. Es difícil
hablar de la perseverancia y el gusto del trabajo en un país en el que
tantos millones de personas carecen angustiosamente de él. Es casi
frívolo divagar sobre la falta de correspondencia entre el mérito y el
éxito en literatura en un mundo donde los que trabajan ven menguados sus
salarios mientras los más pudientes aumentan obscenamente sus
beneficios, en un país asolado por una crisis cuyos responsables quedan
impunes mientras sus víctimas no reciben justicia, donde la rectitud y
la tarea bien hecha tantas veces cuentan menos que la trampa o la
conexión clientelar; un país donde las formas más contemporáneas de
demagogia han reverdecido el antiguo desprecio por el trabajo
intelectual y conocimiento.
Aun así, y dejando las responsabilidades de la ciudadanía
en el lugar que les corresponde, el único remedio aceptable que conozco
contra el desaliento del oficio es el oficio mismo. Escribir poniendo
artesanalmente en cada palabra los cinco sentidos. Escribir sin
concederse la menor indulgencia. Escribir aceptando y disfrutando la
soledad y agradeciendo el entramado de otros oficios fundamentales que
lo convierten en uno de los oficios menos solitarios y más colectivos
del mundo, como es solitario y colectivo el del músico y el del
científico; agradeciendo el oficio del editor, del corrector de pruebas,
del traductor, del librero, del crítico, el de otros escritores de los
que uno aprende admirándolos, el oficio del que enseña a leer y del que
trasmite en un aula el amor por la literatura; agradeciendo el oficio
más placentero de todos, que es el del lector. Escribir con el miedo a
no tener lectores y con el miedo a perderlos, sobreponiéndose lo mismo a
los elogios que a las heridas. Escribir porque a pesar de todas las
negaciones y las imposibilidades la escritura, como cualquier oficio, es
sobre todo un acto de afirmación. Escribir porque sí.
En 1981 se entregaron por primera vez estos premios y
vuestra alteza presidió en ellos su primer acto público. Aún se vivía
entonces bajo el trauma sombrío y reciente de una tentativa de golpe de
estado. En su discurso de agradecimiento, el poeta José Hierro aludió
con alegría y alivio, pero también con plena conciencia del peligro, al
“aire de libertad que respiramos”. Ese aire, a pesar de todos los
pesares, lo seguimos respirando 32 años después, que constituyen el
período más largo de libertad que se ha conocido en la historia entera
de nuestro país. Es importante recordar estas cosas ahora, cuando el
porvenir parece en muchas cosas tan incierto como entonces. En este
tiempo se ha hecho adulta la generación entera que nacía por entonces,
que es la de mis hijos. Sus vidas son ya más difíciles de lo que
imaginábamos hace sólo unos años, pero es importante recordar que
también aquellos tiempos de 1981 nos parecían amenazadores cuando
nosotros los vivíamos. Y sin embargo no hemos dejado de respirar el aire
de libertad que celebraba José Hierro. Sin esa respiración no habría
sido posible la generación literaria a la que yo pertenezco. Incluso nos
hemos acostumbrado tanto a ella que corremos el peligro de no saber ya
apreciarla. Es nuestra responsabilidad salvar lo que ganamos gracias a
que muchas personas hicieron y hacen bien sus oficios, privados y
públicos; y también reflexionar con urgencia sobre todos los errores,
todas las inercias y descuidos que necesitamos corregir. En esa tarea
los oficios de las palabras podrán ser más útiles que nunca.
domingo, 20 de octubre de 2013
Alice Munro Nobel de Literatura 2013
La canadiense Alice Munro, galardonada la semana pasada con el Nobel de Literatura 2013, no viajará a Estocolmo para recoger el premio por problemas de salud, informó hoy la Academia Sueca.
"La
galardonada con el Nobel de Literatura de este año, Alice Munro, no
puede venir a Estocolmo a la ceremonia de entrega en diciembre.
Simplemente, su salud no se lo permite", señaló en un comunicado en su blog el secretario permanente de la Academia, Peter Englund.
La canadiense Alice Munro, galardonada la semana pasada con el Nobel de Literatura 2013, no viajará a Estocolmo para recoger el premio por problemas de salud, informó hoy la Academia Sueca.Englund añadió que todos los involucrados, Munro incluida, lamentan su ausencia, "pero no hay otra opción cuando se trata de motivos de este tipo", añadió.
Munro, de 82 años, fue distinguida con el prestigioso galardón por su condición de "maestra del relato corto contemporáneo", según el fallo.
La escritora canadiense es la decimotercera mujer que gana el premio de Literatura y la única fémina galardonada en los Nobel de este año. El Nobel de Literatura, que el año pasado obtuvo el chino Mo Yan, está dotado con ocho millones de coronas suecas (922.000 euros o 1,3 millones de dólares), al igual que el resto de galardones.
Los premios se entregan cada año el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de su creador -el magnate sueco Alfred Nobel-, en una doble ceremonia: en Oslo, para el de la Paz; en Estocolmo, para los restantes.
viernes, 18 de octubre de 2013
Clara Sánchez, ganadora del premio Planeta 2013 por su novela 'El cielo ha vuelto'
La escritora Clara Sánchez es la ganadora del premio Planeta 2013 por su novela El cielo ha vuelto, mientras que la exministra de Cultura Ángeles González-Sinde ha resultado finalista por su obra El buen hijo.El premio se ha dado a conocer durante una cena literaria en el Palau de Congressos de Catalunya, a la que asisten casi un centenar de escritores de las muchas editoriales integradas en el Grupo Planeta, además de numerosas personas procedentes del entorno cultural, así como del mundo empresarial, político y social de Catalunya y del resto de España
Clara Sánchez se convierte en la decimocuarta mujer en obtener el Planeta. Es la tercera vez que el jurado elige una pareja de mujeres como ganadoras. Después de tres años de autores masculinos galardonados con el primer premio, todas las apuestas iban este año hacia una ganadora femenina, y el pronóstico se ha cumplido.Clara Sánchez se convierte en la decimocuarta mujer en obtener el Planeta. Es la tercera vez que el jurado elige una pareja de mujeres como ganadoras. Después de tres años de autores masculinos galardonados con el primer premio, todas las apuestas iban este año hacia una ganadora femenina, y el pronóstico se ha cumplido.
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